Mi hijo tiene cinco meses, ya tiene bastante habilidad con las manos y desde hace un tiempo sonríe a menudo. Todo lo va aprendiendo con una mente cada vez mas atenta. Lo que más me sorprende y me produce más alegría son los momentos en los que ríe a carcajadas, es un sonido inocente y magnético ante las cosas que le resultan muy graciosas. Es como si la propia vida creara las motivaciones necesarias para su continuidad.
Esas carcajadas que transmiten tanta inocencia y alegría, creo que son innatas, no son algo que pueda copiar como un gesto de sus padres, ya están en el ser que nace. Esa inocencia que viene en nuestros genes, esa capacidad de sorprendernos, de descubrir cosas que nos hacen "gracia", no pueden ser sustituidas por un monótono fluir de ideas racionales, o por un sistema de presión construido sobre el aislamiento social de los que piensan por sí mismos. Me produce tristeza lo que se hace con esa sustancia de nuestro ser, y sobre todo lo que se hizo a lo largo de nuestra historia, como se prefiere muchas veces el dolor y el miedo para educar, antes que al amor o la curiosidad.
Intuyo que esa inocencia innata que todos traemos está más cerca de la verdad que toda la intencionada ideología que nos aguarda en nuestro nacimiento. Por esto se debería educar proponiendo hipótesis pero no imponiendo verdades a medias. Si de esa inocencia original llega algo a la madurez el mundo sin duda mejorará.
Creo que es bueno abrir la ventana de vez en cuando, necesitamos el aire fresco de las mañanas. Si la excusa para no abrirla es que hace frío y puede uno pillar un catarro, siempre podemos abrigarnos antes, y no dejar que el miedo gane la partida siempre.

No hay comentarios:
Publicar un comentario